Pequeño
Para desconectar diez minutos. Suficiente para una persona con criterio.

Pelamos. Cortamos. Freímos al momento.
Sin trampa, sin congelador. Eso es todo.
En Las Fritas hacemos una sola cosa, y la hacemos como debe hacerse: patata fresca, cortada en casa, frita al momento y servida en cucurucho de papel para que la disfrutes andando, charlando o sin pensar en nada.
Sin atajos. Sin bolsas industriales. Sin esos palitos rectos perfectos que nadie sabe de dónde vienen. Solo patatas de verdad, ese crujido por fuera y ese vapor por dentro que llevas esperando toda la semana.
Tres formatos. Una sola patata. Elige el que aguante tu hambre — o tu paciencia para compartir.
Para desconectar diez minutos. Suficiente para una persona con criterio.
El básico imbatible. El que pides cuando ya sabes lo que quieres.
El formato grande. Para la puerta del local, la plaza o donde pille el antojo.
Queso azul fundido sobre patata caliente. La fórmula ganadora desde el primer día.
Carne especiada, judía y un calor contenido que te dura hasta media calle después.
Yema líquida que se rompe sola en cuanto le metes el primer palo.
Tiras finas, doradas, salinas. El umami sin pedir permiso.
Embutido catalán hecho cerca, hecho bien. El homenaje local de la carta.
Lonchas finas que se funden con el calor de la patata recién frita. Sin más.
Dos quesos diferentes derretidos al momento. La opción cremosa por excelencia.
Dulces, ahumados, con ese punto de acidez que despierta todo lo que tiene al lado.
Fritos en aceite de oliva, sal gruesa por encima. Jugamos a la lotería.
Sin filtros raros, sin retoques de catálogo. Lo que ves en pantalla es lo que te entregamos en el cucurucho.
Ocho salsas, cero atajos. La especial de la casa la mojas, no la dejas en el bote.

Las Fritas nació pensando que la patata frita merecía algo más que el congelador. Que con producto fresco, fuego y manos, una guarnición de toda la vida podía convertirse en plato principal por derecho propio.
Hoy somos tres locales — uno en Bilbao, dos en Barcelona — donde se sigue haciendo igual: pelando, cortando y friendo cada día. La carta cambia poco, los toppings se eligen con mimo, y la persiana lleva un Dalí dibujado porque, francamente, fritas y surrealismo se llevan bastante bien.
Pásate, pide y come andando. El cucurucho está pensado para no quedarse quieto.
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